Decía Darwin que la supervivencia estaba hecha para el más fuerte entre todos...hoy he tenido la oportunidad de ver en vivo a, quizás, el único contraejemplo existente en este mundo. Hoy he visto en directo a Juan Carlos Navarro jugar al baloncesto.
He quedado absolutamente pasmado, fascinado, impresionado por la SUMA facilidad con la que un ser tan insignificante dentro de su contexto puede llegar a ser, a su vez, tan sumamente superior a todo lo que le rodea. No es fuerte, no es excesivamente rápido, no es alto...¿qué tiene entonces este hombre para fluir de esa manera sobre una cancha de baloncesto, para hacer que todo lo que hace parezca tan fácil y tan eficaz a la vez? ¿Qué tiene para que, en el momento en que simplemente pisa la pista, todo el partido gire alrededor de su figura? Yo diría para empezar que, básicamente, dispone de una cosa que puede parecer incluso obvia por el deporte del que hablamos pero que pienso que es realmente importante: simple y llana PUNTERÍA. Realmente es deslumbrante la facilidad que tiene para poner el balón dentro de la canasta, ya sea a base de triples, de penetraciones terminadas con la clásica bomba o simplemente de un rebote fortuito. Es como si tuviera un pacto hecho con el aro con el objetivo de que ambos sean felices, él por tener esa facilidad y el aro mismo por tener un compañero inseparable y que nunca le falla.
El otro factor que, en mi opinión, hace de él el jugador que es, es una sangre fría y un gusto casi sibilino por los retos. Se palpa perfectamente que cuando el partido está caliente, cuando las muñecas se encojen, cuando los árbitros se tragan el pito y los aficionados acaban con la salud de sus gargantas, él nota que ha llegado su momento. Es ahí cuando demuestra su sangre fría, su saber hacer, su peligro constante y su facilidad para ver canasta...¿tendrán algo que ver el aro y sus embrujos?
Música eres tú
Hace 13 años