Oslo, capital de Noruega. 454 km² de superficie, 575.475 habitantes....¿aburre verdad? Aburre porque son fríos y simples datos cuando, en realidad, estamos hablando de una ciudad muy viva, bonita y cosmopolita como pocas y a la que recomiendo hacer una visita ( eso sí, en verano ).
Yo, afortunadamente, tuve la suerte de ir este verano y quedé simplemente encantado con la ciudad. Es la capital de Noruega ( le reservo otra entrada al país en general ) pero no representa el típico concepto de capital que tenemos por estos lares puesto que es una ciudad de poco menos que medio millón de habitantes ( y, sin embargo, es la tercera ciudad más poblada de escandinavia sólo por detrás de Copenhague y Estocolmo ), con un ambiente urbano simplemente sensacional, donde se mezclan culturas, formas de ver la vida y gentes de distinta naturaleza.
Y diréis....sí, ¿pero qué puedo ver en Oslo? Por un lado tenemos el precioso casco urbano con una vida y un ajetreo que parecen de broma visto el frio que hace ( las aceras y carreteras son calefactadas para que la nieve no cuaje ), sobre todo en la artería principal de la ciudad, la calle Karl Johans Gate.

Simplemente dando un paseo por esta calle, podemos ver el parlamento noruego, la plaza central de la ciudad, algunos centros de ocio mítico como el Hard Rock Cafe o el Grand Cafe y, al final, el Palacio Real Noruego vigilado por la guardia suiza. También, a 2 pasos, tenemos el ayuntamiento de Oslo así como el Aker Brydge.

Es, precisamente en el Aker Brydge, donde se concentra todo el movimiento cosmopolita de la ciudad. Multitud, y de las de verdad, de restaurantes, locales de ambiente, pubs, discotecas, galerías de arte...y todo con un estilo modernista y chic con el que, personalmente, quedé encantado. Un sitio totalmente recomendable para perderse con un buen par de amigos durante una noche.

Otros de los lugares más destacados de Oslo, a la entrada de la ciudad, es el moderno edificio de la Opera. De reciente creación y ganador de varios premios de arquitectura internacional, la verdad es que tiene un diseño, al menos exterior, espectacular y muy atípico puesto que no suele ser habitual el que puedas pasear por el tejado de un edificio.

Por supuesto, no podía olvidarme de una de las joyas de la ciudad, el parque Vigeland. Un parque creador enteramente por el escultor noruego Gustav Vigeland y que es un continuo alegato a la vida y la muerte, con esculturas que representan todo el ciclo de la vida desde el nacimiento hasta el fallecer. Nada más que por ver el monolito central merece la pena. TOTALMENTE RECOMENDADO.

Otra de las maravillas con las que podemos disfrutar es el museo popular del pueblo noruego, donde podemos conocer las tradiciones y la forma de vivir de los noruegos desde tiempos remotos hasta nuestros días, superando dificultades como el frío, la nieve, la falta de alimento y muchas más. Llaman especialmente la atención los barcos vikingos ( mucho más grandes de lo que podáis imaginar ) y las antiguas iglesias noruegas o kirkes.

En definitiva, como véis, una ciudad llena de cosas por ver e interesante a más no poder pero pequeñita y, en mi opinion, ideal para disfrutar durante un puente o fin de semana algo más largo de lo habitual. No podréis hacer otra cosa sino disfrutar de su ambiente, de su estilo, de sus gentes y de toda la ciudad en general. Y, por supuesto, todo ésto abierto al mar como no podía ser de otra manera en Noruega.
