Cuando uno se pone a reflexionar y pensar a oscuras, iluminado única y tenuemente por la luz de la pantalla, se da cuenta de que la vida no es mas que una simbiosis perfecta de momentos entrelazados. Momentos de estrés, momentos de pena, momentos de locura, momentos de alegría, momentos de dulzura, momentos de amor, momentos de pasión, momentos de felicidad. La clave está en exprimir cada uno de ellos. Sacarles todo su jugo. Disfrutarlos a más no poder. Porque son lo que te hace vivir. Porque son lo que conforma tu vida. Porque son lo que te desarrolla como persona.
Ronda. Alameda del Tajo. Muy cercanos al balcón de nombre innombrable. Detrás mía el parque, con sus arbustos atosigados por pequeñajos jugueteando con el balón. Delante mía, la inmensidad. El eterno cielo azul, brevemente franqueado por las verdes colinas que colindan con el majestuoso tajo. Afilado, árido, cortante. Excavado por un dios, un diablo o vete a saber qué fuerza de la naturaleza.
Ella subida en la pequeña muralla. Yo de pies. A su lado. Justo enfrente suya. Con los ojos clavados en los suyos, atrapados por la locura azul y marrón. Locura que me hace hervir por dentro, con la sangre llameando por mi ardiente corazón. Detrás nuestra suena música. Música de artistas desconocidos pero, en ese momento, sumamente agradable. Placentera.
Y, de repente, nuestros labios se unen. El tiempo se para, el viento deja de soplar, la música deja de sonar, los niños dejan de jugar. Sólo se escuchan su corazón y el mío, danzando al ritmo del amor, taquicárdicos pero increíblemente felices. Cuando se vuelven a separar, mi impresión es que ha pasado una eternidad. La realidad es que ha sido un momento. El tiempo vuelve a correr, el viento sigue soplando, la música sigue sonando, los niños siguen jugando. El mundo sigue igual. Pero ella y yo tenemos esa sonrisa. Bobalicones pero enamorados. Y por eso hay gente que pagaría. Por un momento así.
Música eres tú
Hace 13 años