Nerja. 11 de Agosto de 2010. Hace justo 9 meses. Parece mentira cuánto tiempo ha pasado, cuánto la conozco, cuántas cosas hemos hecho juntos. Me acuerdo de aquel día y recuerdo los nervios, las vueltas a la cabeza, los planes, las conversaciones pensadas de antemano por si me quedaba en blanco delante de ella. La verdad es que ahora puedo decir que todo eso fue para nada. Fue entablar el primer saludo con ella y los nervios volaron. Y aparecieron la tranquilidad, la naturalidad, la paz interior. Pero aún así me gusta recordar aquellas sensaciones. Porque me hacen ser conscientes de lo importante que era aquel momento para mí. De lo que, ya por entonces, me hacía sentir.
Pequeña calita junto al Balcón de Europa. Bajo la mirada, supongo que no atenta, de cientos de turistas. Gente a nuestro lado tumbada en sus toallas. Chavales jugando con el balón. Incluso alguna andaba por allí con una colchoneta. Personas anónimas que de repente pasaron a convertirse en héroes para mí. Fueron mis compañeros involuntarios de aventura. Sobre ellos hablamos, bromeamos y nos reímos. Nuestras primeras risas. Mis primeras miradas, prácticamente de reojo, para mirar sus ojos. Para mirar también donde le acariciaba: remolinos en el pelo, las orejas, las mejillas. La piel se me ponía de gallina continuamente, y no era porque hiciera frio. Eran las emociones, los sentimientos regurgitando en mi interior, deseosos de liberarse y expresar todo lo que sentía.
Pizzería con una terraza al borde del mar. A oscuras con una iluminación tenue, afianzada por unas pequeñas velas en el centro de cada mesa. Apenas la conocía todavía, pero fue ahí donde empecé a hacerlo. Anécdotas, aventuras, gustos musicales, profesores capullos. Un poquito de todo. Nada comparado con lo que aún me quedaba por conocer, pero fue una bonita forma de abrir la caja. Pandora se desató como nunca, dejándome ansioso por conocer más y más cosas sobre ella.
Quién me iba a decir hace hoy 9 meses que no sólo conocería esas cosas (y muchas más que voy descubriendo poquito a poco) sino que formaría parte de ellas. Ya no tiene sentido hablar de mi o su alegría, mi o su tristeza, mis o sus anécdotas, mi o su felicidad. Ya somos uno. Lo compartimos todo, nos divertimos juntos, nos apoyamos mutuamente. Nos queremos :)
Música eres tú
Hace 13 años