martes, 28 de septiembre de 2010

Entre olas y humo

Media tarde. En compañía y camino a un destino, joder qué destino. Y qué coño, menuda compañía.

Pequeña plazuela. Elevada sobre el nivel del mar, extrañamente verdoso para mí. Suave brisa, agradable, fresca pero sin molestar. Música de fondo. Mala, la verdad, pero no deja de ser una banda sonora para otro momento especial. Se empiezan a acumular estos momentos, cosa que me gusta. Indican felicidad, sensación de realización, placer. Los árboles suenan con sus hojas queriendo escapar de su esclavitud. La gente sube, baja, pasa, se para...da igual. Nada importa. Sólo quien está a mi izquierda. Lo que he descrito me parece bello, satisfactorio. Ni comparación con la persona que tengo a mi lado. Mirarla me conmueve, hace resurgir todo mi interior, sentimientos que quieren explotar hasta desatarse. Me muero por abrazarla y besarla. En ese momento se cruzan las miradas. Sale la sonrisa, automática, sincera, ilusionante.

Paseo marítimo. Pequeño saliente con rocas. Lo suficientemente grandes para sentarse y contemplar. Delante el mar, esta vez teñido de un suave color anaranjado procedente del atardecer. No puedo evitar cogerle la mano. Es mi forma de decirle cuánto estoy disfrutando, cómo de fascinado me hallo. Detrás la gente sigue paseando, algunos pescadores intentan hacer la tarde, ¿he dicho que me importen o me molesten? Sólo tengo pensamientos para algo. Noto su cabeza apoyada en mi hombro. La miro. Lo nota. De nuevo esa sonrisa. No puedo evitar besarla de nuevo. Paradisíaco lugar, eternamente recordado. Retratado por algunos segundos, etéreos para los que pasean, inmortales para mí.

Noche cerrada. Tetería. Mi tetería favorita. 3 amigos y yo. Cachimba, la primera en mucho tiempo. Absorbo el aire hacia mi interior y lo expulso. Cierro los ojos mientras lo hago. Cada soplido de humo que saco de mí me hace sentirme más satisfecho, más relajado, más feliz. ¿Por qué la vida es tan jodidamente maravillosa?

jueves, 23 de septiembre de 2010

Tú. Sí tú, sabes que te estoy hablando a ti. No mires detrás o a los lados, sabes que sólo quiero hablar contigo. La razón es muy sencilla. Simplemente, eres tú.

¿Quién eres tú? La persona más especial del mundo. Tú. Quien me quita horas de sueño, con pensamientos continuos que rondan mi cabeza sin parar. Todos positivos, por supuesto. Tú. Quién me provoca sonrisas constantes, espontáneas, surgidas de la nada cual efímera brisa que aparece para nunca volver. La diferencia es que estas sonrisas siempre vuelven. Cada que vez que pienso en ti. Tú. Quien me hace despertarme en mitad de la noche y acudir a mirar el móvil antes que otra cosa. Antes que ni siquiera pensar en cómo estoy. Cualquier atisbo de comunicación contigo es más importante, más ilusionante. Tú.

¿Quién eres tú? La persona con la que me perdería. Sin rasto de los demás, de nada, sólo el mundo para ti y para mí. Tú. Y yo. En una isla paradisiaca, en una playa virgen, en un atardecer rotundo, suave, perecedero ante nuestras miradas de armonía y tranquilidad. Tú. En mitad de la nada, al lado de las cataratas más pronunciadas del mundo, en mitad de la selva. Tú. Entre oasis, en el desierto de la felicidad y el bienestar. Tú. En cualquier parte del mundo. Tú. Eres mi mundo.

Tú. Tú. Tú. Para qué mas personas, más palabras. Simplemente, tú.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Sobre esa voz

Cabo de Trafalgar. El sol prácticamente oculto en el horizonte. El poco que queda, cubierto por una densa capa de nubes. Ciertamente no es el mejor día para ver un atardecer. A quién le importa. Hay algo de ruido. Personas que hablan y ríen, tapando el sonido del bravo y salvaje mar chocando contra las piedras. A quién le importa. Mosquitos, muchos mosquitos, y con ganas de fastidiar. A quién le importa. Una buena compañía. La mejor. Agradable para hablar y reír, también para callar y observar. Agradable para abrazar y acariciar, también para callar y observar ( No, la repetición no es un fallo ). Cuán importante es, a veces, un silencio en el momento adecuado. Resumiendo, una compañía inmejorable. Eso sí que importa. Atardeceres hay muchos. Atardeceres con la mejor de las compañías, no tantos.

Finalmente, el sol ceja en su empeño de alumbrar. Deja paso a la oscuridad, la soledad. Sólo se escucha el mar en su continuo movimiento y...esa voz. Ya no es algo lejano, casi imaginario. Ahora es real como todo lo que hay alrededor. Se palpan los matices, la suavidad, los recovecos de cada palabra. Sinceramente, suena a melodía celestial. Cada frase fluye armoniosamente en al ambiente, llegando a mis orejas. De ahí al oído interno. De ahí a lo más profundo de mí.

¿Lo mejor? Que aún queda noche para seguir disfrutando de esa voz. Una cena. Un paseo. Cosas cotidianas, convertidas en momentos de lo más agradable. Obra y gracia de la voz. Caricias. Roces de dedos. Infinito bienestar. Felicidad absoluta. Lo que puede hacer una voz. Bueno, realmento miento. Si sólo fuera una voz...

martes, 14 de septiembre de 2010

Momentos de la noche

Hotel de la costa gaditana. 22.23 de la noche. Terraza con vistas al mar y a una piscina iluminada. San francisco sobre la mesa, dulce, muy dulce. El cielo totalmente ennegrecido, las estrellas no quieren aparecer hoy. Incluso la luna no aparece demasiado, difuminada por la leve niebla marina.

Se oyen voces apagadas por la lejania y el ambiente. No todas, a mi lado escucho una de un amigo muy especial, quizás el más especial de todos ellos. Y en mi cabeza, tan lejos en la distancia como cerca en mi interior, escucho otra voz. La más dulce de todas ellas. Hace pocas horas la he escuchado por primera vez por teléfono. Algo distinta, cambiada por los matices e irregularidades de la linea telefónica, pero tan agradable de escuchar como siempre.

Las expresiones utilizadas, la forma de pronunciar cada letra, cada vibración que sale de las cuerdas vocales. Todo queda grabado en mi cabeza. Recuperarlo es tan fácil como cerrar los ojos e imaginar. Ahi está. Justo delante. Puedo oír esa voz, notar el tacto de esa piel, notar la suavidad de ese cabello.

Y en pocas horas, todo será tangible. Donde antes había imaginación, habrá realidad. Quizás sean las horas más eternas que nunca he tenido que esperar.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Sensaciones y recuerdos

BOOM BOOM. El sol se pierde poco a poco en la línea del horizonte, el cielo pierde su color azulado para dar paso a un naranja intenso, el viento pierde su fuerza diurna cual pajarillo cansado de revolotear. Donde antes había olas, ahora hay una aterradora oscuridad.

BOOM BOOM. La música suena. Mezcla de suaves cantares de pájaros, esperando la tranquilizadora noche, y chill out. Relajante, muy relajante. Las conversaciones ajenas se diluyen en el camino hacia el oído. Todo lo que se escucha consiste en dos respiraciones, dos latidos.

BOOM BOOM. Carretera solitaria. Apenas coches. 130 km/h. Por encima, el cielo infinito lleno de estrellas que, esa noche, iluminan más de lo normal. Bonito indicador de que está terminando un día muy especial. Suena música. Mezcla de varios artistas, varios estilos. Me gusta. Bonita banda sonora para un día muy especial.

PIII PIII. 3:00 AM. Por encima, el techo de la habitación. En la mesita de noche, un móvil. Acaba de recibir un sms. Lectura lenta, prestando atención a cada una de las palabras. Todas saben genial, todas quedan grabadas en la memoria. Sonrisa enorme. Sensación de felicidad. Por delante, toda una noche maravillosa. No tanto como el día, eso sí.