Media tarde. En compañía y camino a un destino, joder qué destino. Y qué coño, menuda compañía.
Pequeña plazuela. Elevada sobre el nivel del mar, extrañamente verdoso para mí. Suave brisa, agradable, fresca pero sin molestar. Música de fondo. Mala, la verdad, pero no deja de ser una banda sonora para otro momento especial. Se empiezan a acumular estos momentos, cosa que me gusta. Indican felicidad, sensación de realización, placer. Los árboles suenan con sus hojas queriendo escapar de su esclavitud. La gente sube, baja, pasa, se para...da igual. Nada importa. Sólo quien está a mi izquierda. Lo que he descrito me parece bello, satisfactorio. Ni comparación con la persona que tengo a mi lado. Mirarla me conmueve, hace resurgir todo mi interior, sentimientos que quieren explotar hasta desatarse. Me muero por abrazarla y besarla. En ese momento se cruzan las miradas. Sale la sonrisa, automática, sincera, ilusionante.
Paseo marítimo. Pequeño saliente con rocas. Lo suficientemente grandes para sentarse y contemplar. Delante el mar, esta vez teñido de un suave color anaranjado procedente del atardecer. No puedo evitar cogerle la mano. Es mi forma de decirle cuánto estoy disfrutando, cómo de fascinado me hallo. Detrás la gente sigue paseando, algunos pescadores intentan hacer la tarde, ¿he dicho que me importen o me molesten? Sólo tengo pensamientos para algo. Noto su cabeza apoyada en mi hombro. La miro. Lo nota. De nuevo esa sonrisa. No puedo evitar besarla de nuevo. Paradisíaco lugar, eternamente recordado. Retratado por algunos segundos, etéreos para los que pasean, inmortales para mí.
Noche cerrada. Tetería. Mi tetería favorita. 3 amigos y yo. Cachimba, la primera en mucho tiempo. Absorbo el aire hacia mi interior y lo expulso. Cierro los ojos mientras lo hago. Cada soplido de humo que saco de mí me hace sentirme más satisfecho, más relajado, más feliz. ¿Por qué la vida es tan jodidamente maravillosa?
Música eres tú
Hace 13 años