domingo, 28 de noviembre de 2010

En un habitación

Entro a la habitación. Está hablando por teléfono. Primera sonrisa. Se ilumina mi cara. Se ilumina mi corazón. Le doy un beso en la mejilla y me tumbo en la cama. A su lado. Ella permanece de pies, supongo que inconsciente de que la miro. La observo. Me fijo en las reacciones de su cuerpo. Mueve las manos en el interior de sus bolsillos. Zarandea el pie apoyado sobre la cama. Ríe. Me gusta lo que veo. Le cojo la mano y le doy un beso. Quizás su piel se haya puesto de gallina. No lo sé. Sólo sé que la mía lo ha hecho.

Tumbado en la cama, con media pierna colgando. Ella tumbada a mi lado. Apoyado sobre un colchón de cojines. Levemente echada encima mía. Su cabeza en mi hombro. Su brazo en mi pecho. Su pierna rozando la mía. La noto respirar. Le acaricio el pelo. Le beso la nariz. Me inspira ternura. Amor. Joder cómo la quiero. Intento hacerle una foto. Aplicarle algún efecto. Hacer un rato el fanfarrón. Como si la foto me importara. Sólo quiero ver cómo sonríe. Cómo intenta tirarme de la cama. Cómo disfruta.

Historia de mi infancia. No de las más bonitas. Se empieza a reír de la forma en que lo he dicho. Me empiezo a reír yo también. De repente, los 2 estamos con lágrimas en los ojos. De alegría. De bienestar. Cómo me gusta verla así. Si por mí fuera, me pasaría el día diciendo tonterías para que nunca quitara ese gesto de su cara. Angelical. Celestial. Pero tengo la suerte de disfrutarlo en la tierra. A mi lado.

Cara rejuvenecida. Raya en medio. Me enseña recuerdos de su infancia. Me gusta seguir conociendo cosas de ella. Detalles que no conocía. Anécdotas que adoro descubrir. De repente, miro mi reloj y veo que es la hora. Me tengo que ir. Putos exámenes. Lo hago por obligación porque, si por mi fuera, no estaría apartado de ella ni un segundo. Me despido. A duras penas consigo sacar una sonrisa para que sea lo último que vea de mí. Me apena irme. Cuando me dirijo a mi coche, pienso en el examen. Lo maldigo. Lo odio. De repente, click. ¿Qué hago? ¿Por qué me estoy quejando, cuando tengo a la persona más maravillosa del mundo a mi lado? Te quiero :)

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Viajes

Dos camas. Aunque en realidad sólo sirve una porque quiero, necesito que esté a mi lado. Notar su abrazo y abrazarla yo. Total oscuridad. No se distingue ni una sombra tibia. Total silencio. No se escucha ni el más remoto de los sonidos. La conversación se produce a susurros. En parte por no hacer más ruido de la cuenta y molestar. Pero en parte también porque hace la situación más ideal. Más suave. Más tranquila. Más relajada. Más espeluznante.

Cada vez que noto las minúsculas vibraciones provocadas en el aire por sus cuerdas vocales se me ponen los pelos de punta. La nuca, los brazos, la barriga, las piernas y hasta el pie. Todo mi cuerpo se estremece poco a poco y gradualmente. Como si un rayo lo fuera atravesando. Como si algo penetrara en mi interior. Supongo que es el amor. Recorre todos mis músculos, todas mis venas, hasta el último rincón de mi interior.

Dinosaurios. Animales protectores. Figuras de colores. Un crucero oriental. A simple vista parecen recuerdos de un viaje. Pero no, no lo son. Bueno, en realidad sí que lo son. Son momentos, anécdotas, curiosidades de un viaje muy especial que siempre será recordado. Un viaje a la confianza. Un viaje a la intimidad. Un viaje a descubrirse a sí mismo y a la otra persona. Sobre todo a ella. Lo mejor no es eso, sino comprobar cómo no para de fascinarme cada vez más.

Cuánto más creo que la conozco, más consigue sorprenderme. Siempre consigue sacarse algo de la manga. Un susurro. Un comentario. Una caricia. Una sonrisa. Esa sonrisa. La sonrisa. Ella no lo sabe, aunque creo que cada vez es más consciente. Esa sonrisa significa mucho para mí. Me gusta verla. Me encanta verla. Necesito verla. Cada vez más mi mundo consiste en verla sonreír.

3.30 de la mañana. Me siento a gusto. La miro. La quiero. Cuando estoy a punto de dormirme, cuando estoy a punto de perder la consciencia, lo noto. Un suave y breve roce de su mano con la mía. Todo mi cuerpo vuelve a verse inundado. El escalofrío lo llena todo. Estar lleno de amor es una auténtica pasada.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Ángel

Apoyo un pie y después el otro. Tenso mis rodillas y tiro de mi peso. Me levanto un poco inestable. No es por lo que he bebido sino por el torrente de emociones que me embargan. Me despido con un gesto de mi mano y una sonrisa eterna, todo lo sincera que puedo hacer que sea. En ese momento, mi cabeza vuelve atrás. Mi cuerpo sigue allí, en medio de la calle desierta, pero mi mente vaga por los recuerdos de unas horas antes. Fabulosos. Deliciosos. Hipnotizantes.

Calle Larios. Montones de gente. Más que nunca quizás. Hombres lobo, vampiros, viudas negras y enfermeras satánicas. Recorro la calle. Cuando he llegado al final de repente pienso una cosa. Al principio me extraña. Después encuentro la razón. La última sensación es alegría. En todo el recorrido no había visto a nadie vestido de ángel. Pero me hago consciente de que no es que no los hubiera sino de que yo no los he visto. Cegado por la luz resplandeciente de un ángel oscuro. El que va a mi lado. Ayudándome a caminar por la calle esquivando los obstáculos que mi máscara no me deja ver. Lo que quizás ella no sabe en ese momento es que ese no es mi único paseo de esa noche. Por encima de todo; en algún lugar etéreo, superfluo, en el que nada importa, estoy haciendo mi camino hacia la felicidad. Pero lo mejor no es que haya encontrado el camino, sino que ya he llegado al final.

Moulin Rouge. No es el original. Ni falta que hace. Es un sitio pequeño, curiosamente decorado y lleno de gente. Suena la típica música de fiesta. Un poco de pop comercial y pachangueo. El ángel más bonito que haya visto nunca está allí también. Sin alas. Sin algún brillante. Pero más guapa que nunca. Y no es el legendario. La música no es su favorita, seguro que preferiría otro estilo. Pero quiero que se lo pase bien, que disfrute, que se divierta. No me importa hacer alguna tontería, decir alguna estupidez. Lo único que me importa es ver su sonrisa cada vez que la miro. Me encanta. Incluso bailo con ella. Es algo que me suele costar, no lo suelo hacer. Pero con ella todo da igual, nada importa. Pierdo la vergüenza, me lanzo, me hace sentir cómodo siempre. Siento la necesidad de darle un beso. Sabe delicioso. Seguro que soy el más feliz del Moulin Rouge.

Ford Fiesta. Verde. Asiento de copiloto. Cansado, con sueño, embobado. Contento, sonriente, a gusto. Le acaricio la pierna y le doy un beso, lo más suave que soy capaz. Me estremezco. No se lo digo, pero los pelos se me ponen de punta. Si una imagen vale más que mil palabras, este beso ha valido más que un millón de imágenes. Me traslada automáticamente a todos esos lugares que he visitado con ella. Todos esos lugares donde he vivido momentos muy especiales. Todos esos lugares que quedarán en mi memoria para siempre.

6.30 de la mañana. Me acuesto. Antes de desvanecerme sobre la cama, hago una última lectura. Buenas noches franki. Buenas noches ángel, mi ángel.