Calle Larios. 02:00 AM. No hace frío ni tampoco calor, 0 grados como diría aquel. Enorme portal de madera, con escalón de mármol elevándose ligeramente sobre el suelo. Se abre muchas veces. Multitud de veces. Pero no importa. Es un sitio genial para estar. Nos tomamos un helado, una granizada, algunas chuches. Sentados, de pies, con su cabeza sobre mi hombro o cara a cara. La postura es lo de menos. Lo realmente importante es que está a mi lado. Que puedo coger su mano, acariciar su pelo, hablarle, escucharla, mirarla. Mirarla fijamente, sin pestañear, queriendo penetrar a través de sus iris. Acercarla a mí y besarla cuando no puedo contener más el amor y me desborda por completo. Es mi forma de hacer que ella lo sienta.
Procesión de Los Servitas. Las luces se apagan. El silencio aparece. La única iluminación, tenue, procede de las velas que llevan los nazarenos. O los penitentes, como se diga. De tramo en tramo, uno de ellos predica. Ayudado por algún compañero que le ilumina. Es emotiva la verdad. Incluso un poco de locos, me atrevería a decir. Y, a mi lado, ella. Está cansada. Tiene frío. Y sé que estar allí, viendo la procesión, no es lo que más le apetece del mundo. Es más, sé que no le apetece nada. Que si por ella fuera, no estaría allí. Pero no lo está por ella. Lo está por mí. Y no sabe cuánto se lo agradezco. A pesar de que se lo diga varias veces, ni se lo imagina.
A veces me dice que ha perdido cosas por las que me enamore de ella. Tonterías. Una enorme tontería. No sólo no las ha perdido sino que las ha ganado. Y me ha hecho descubrir una cantidad ingente de matices en su personalidad. En su forma de ser. En sus gustos. En su vida. Porque en el fondo todos somos realmente parecidos. Sólo cambian los matices. Pero joder, ella se encarga de demostrar cada día que los matices son lo realmente importante. Porque si llamas a esto perder cosas, por favor, pierde muchísimas más :)
Música eres tú
Hace 13 años