lunes, 25 de abril de 2011

Entre tronos

Calle Larios. 02:00 AM. No hace frío ni tampoco calor, 0 grados como diría aquel. Enorme portal de madera, con escalón de mármol elevándose ligeramente sobre el suelo. Se abre muchas veces. Multitud de veces. Pero no importa. Es un sitio genial para estar. Nos tomamos un helado, una granizada, algunas chuches. Sentados, de pies, con su cabeza sobre mi hombro o cara a cara. La postura es lo de menos. Lo realmente importante es que está a mi lado. Que puedo coger su mano, acariciar su pelo, hablarle, escucharla, mirarla. Mirarla fijamente, sin pestañear, queriendo penetrar a través de sus iris. Acercarla a mí y besarla cuando no puedo contener más el amor y me desborda por completo. Es mi forma de hacer que ella lo sienta.

Procesión de Los Servitas. Las luces se apagan. El silencio aparece. La única iluminación, tenue, procede de las velas que llevan los nazarenos. O los penitentes, como se diga. De tramo en tramo, uno de ellos predica. Ayudado por algún compañero que le ilumina. Es emotiva la verdad. Incluso un poco de locos, me atrevería a decir. Y, a mi lado, ella. Está cansada. Tiene frío. Y sé que estar allí, viendo la procesión, no es lo que más le apetece del mundo. Es más, sé que no le apetece nada. Que si por ella fuera, no estaría allí. Pero no lo está por ella. Lo está por mí. Y no sabe cuánto se lo agradezco. A pesar de que se lo diga varias veces, ni se lo imagina.

A veces me dice que ha perdido cosas por las que me enamore de ella. Tonterías. Una enorme tontería. No sólo no las ha perdido sino que las ha ganado. Y me ha hecho descubrir una cantidad ingente de matices en su personalidad. En su forma de ser. En sus gustos. En su vida. Porque en el fondo todos somos realmente parecidos. Sólo cambian los matices. Pero joder, ella se encarga de demostrar cada día que los matices son lo realmente importante. Porque si llamas a esto perder cosas, por favor, pierde muchísimas más :)

domingo, 10 de abril de 2011

Un mes más

Ocho. Ocho meses. Fabulosos y maravillosos. Impactantes, renovadores. 8 meses que me han cambiado a mí, a mi ser, a mi alma. Pero hoy no quiero destacar lo bueno, sino lo malo. Porque sin lo malo, lo bueno no tendría sentido. De hecho, ni sabríamos qué es.

Y sólo puedo darte las gracias por estar en los malos momentos. Hayan sido muchos o pocos. Hayan estado acumulados en un día, una semana o un mes. Hayan sido más serios o más insignificantes. Siempre has estado ahí. Insuflándome aire. Cuando todo se empezaba a tambalear. Cuando todo se ponía en entredicho. Cuando todo se ennegrecía. Llegaba la oscuridad. Aparecías tú, ángel oscuro. Con tu luz cegadora, atravesando mis pupilas, mi retina y llegando a lo más profundo de mí. Sujetándome con tus brazos, diciendo las palabras exactas, dando los abrazos justos.

Y hablando de abrazos. ¿Te acuerdas de aquel abrazo, sacado de la nada en el último momento, que te dí en Nerja hace 8 meses? Cuando te rodeé con mi toalla, deseando abalanzarme sobre ti, y me contuve en el último segundo. A veces pienso por qué no te besé. Y siempre llego a la misma conclusión. Porque no era el momento. Porque si algo me gusta de nosotros, es que lo hemos hecho todo cuando teníamos que hacerlo. Ni antes, ni después, sino en su debido momento. Y así llevamos 8 meses ya. Prepárate para el beso que te voy a dar mañana para celebrarlo :)