Ocho. Ocho meses. Fabulosos y maravillosos. Impactantes, renovadores. 8 meses que me han cambiado a mí, a mi ser, a mi alma. Pero hoy no quiero destacar lo bueno, sino lo malo. Porque sin lo malo, lo bueno no tendría sentido. De hecho, ni sabríamos qué es.
Y sólo puedo darte las gracias por estar en los malos momentos. Hayan sido muchos o pocos. Hayan estado acumulados en un día, una semana o un mes. Hayan sido más serios o más insignificantes. Siempre has estado ahí. Insuflándome aire. Cuando todo se empezaba a tambalear. Cuando todo se ponía en entredicho. Cuando todo se ennegrecía. Llegaba la oscuridad. Aparecías tú, ángel oscuro. Con tu luz cegadora, atravesando mis pupilas, mi retina y llegando a lo más profundo de mí. Sujetándome con tus brazos, diciendo las palabras exactas, dando los abrazos justos.
Y hablando de abrazos. ¿Te acuerdas de aquel abrazo, sacado de la nada en el último momento, que te dí en Nerja hace 8 meses? Cuando te rodeé con mi toalla, deseando abalanzarme sobre ti, y me contuve en el último segundo. A veces pienso por qué no te besé. Y siempre llego a la misma conclusión. Porque no era el momento. Porque si algo me gusta de nosotros, es que lo hemos hecho todo cuando teníamos que hacerlo. Ni antes, ni después, sino en su debido momento. Y así llevamos 8 meses ya. Prepárate para el beso que te voy a dar mañana para celebrarlo :)
Música eres tú
Hace 13 años
No hay comentarios:
Publicar un comentario