miércoles, 4 de junio de 2014

Sevilla, 30 de Mayo, 2014. 00:03 AM

En plena calle Betis, con vistas a un río Guadalquivir alterado por los barcos que por él circulan, a un puente de Triana iluminando Sevilla entera. Detrás mía, sin verlas pero sintiendo su presencia, su historia, su fuerza, la Giralda y la Torre del Oro.

Encima de la mesa una tónica, con un poco de hielo, chisporroteando. Como mi cabeza y mis pensamientos después de un paseo a solas por todo el centro de Sevilla. Lo estoy pasando mal, sin tapujos. Hace apenas una semana le dije a Alba que no la quería viviendo conmigo por el momento. Después hemos estado una semana sin hablar y, aunque lo hemos retomado, las sensaciones no son las mismas.

Fui muy claro: le dije todo lo que pensaba, todo lo que yo necesitaba decir, todo lo que ella debía saber. Fue duro para ella, supongo que siempre lo es cuando te dicen a la cara cosas que no quieres escuchar. Pero es lo inevitable: tiene que escucharlo, tiene que oírlo. Tiene que comprenderlo, tiene que hacerse consciente, tiene que avanzar.

Necesita agarrar con fuerzas a este puto mundo que tanto le ha quitado pero que también tanto le ha dado. Porque mientras ella se retrae, se amilana y se lamenta, la gran rueda sigue girando. El tiempo es inmisericorde e inclemente, no te da ni un respiro. No te va a perdonar ni una, y si te dejas arrastrar a su ritmo, siempre va a ganar él. Siempre.

Por eso ella tiene tantas cosas que cambiar, y con ella yo. Lo que continuamente no puedo evitar plantearme es si merece la pena este sufrimiento, esta lucha, este esfuerzo. Estando a su lado estoy perdiéndome muchas cosas que debería disfrutar. Muchas de ellas probablemente ya nunca vuelvan a tocar a mi puerta. Pero no puedo evitar añorar a aquella persona sencillamente perfecta que ella un día fue y que yo tuve la oportunidad de conocer y disfrutar. Aquella sonrisas, aquella inocencia, aquella sencillez. Quiero todo eso, y creo que me lo merezco. Y ella. Los dos.

Y soy consciente de que algunas de esas cosas nunca volverán, pero creo que tampoco pido tanto. Solo quiero ser feliz. A su lado. Con ella.

miércoles, 11 de abril de 2012

De espaldas a Leiva

Sala Paris 15. Concierto de Leiva. Una parte importante de Pereza, uno de nuestros grupos. Un concierto lleno de ritmo, marcha, canciones profundas, letras misteriosas. A los dos nos encanta, nos dejamos absorber por el ambiente, cantamos, nos abrazamos y bailamos.

De repente empieza a sonar una canción. Una canción increíble, que siempre recordaré. La abrazo todavía más fuerte, le doy los besos más cariñosos que soy capaz. Se da la vuelta y me abraza. Le da la espalda a Leiva, al resto de músicos, a los espectadores que cantan y dan saltos, al resto del mundo. Al tiempo, que de repente se congela.

Todo ha desaparecido, todo se ha desvanecido, se ha congelado. Nos hemos transportado, desde allí y cogidos de la mano, hasta el infinito. Juntos. Alegres. Felices. Como desde que comenzamos, como en todos los momentos que hemos pasado juntos, como en todas las siuaciones que hemos vivido.

La canción termina, el abrazo se acaba, los besos se terminan y volvemos al concierto. Pero los dos nos miramos, conscientes de lo que acaba de ocurrir. Una prueba de amor imbatible, una prueba de amor sincero, una prueba de amor apasionante.

sábado, 11 de febrero de 2012

Dos notas

7:00 de la mañana. Lunes, si es que se le puede llamar día a esas horas. Suena el despertador, con el consiguiente posponer a continuación. Finalmente, tras 5 minutos de maldiciones, se levanta, saluda a su perra, abre la persiana y se va a la ducha.

8:15 de la mañana. Ahora ya sí un poquito más lunes que antes. Tiene sueño, está cansada, no le gusta especialmente estar allí. Pero lo ha conseguido. Ha luchado contra todo y contra todos: sus nervios, sus miedos, sus inseguridades. Contra la gente que no ha estado ahí. Yo no podía estar a su lado en aquel momento, pero si lo hubiera estado, le hubiera pasado dos notitas en papel.

La primera de ella tendría escritas todas las cosas duras, todo lo que se ha interpuesto en su camino. Aquello contra lo que ha tenido que luchar, aquello que le hacía pasar malos ratos, aquella gente que no confiaba en ella.

En la segunda habría unos simples trazos. Los de aquella personas que sí han estado con ella. Aquellas personas que la han animado. Aquellas personas que la han escuchado. Aquellas personas que la han apoyado. Y por qué no decirlo, aquellas personas que le han dado su hombro para que llorara en él. Y después habría un breve trazo con lo más simple y más importante de todo: su vida. Porque a pesar de todo, de todas las dificultades, sigue siendo una persona realmente maravillosa. Una persona de las que, cuando te cruzas con ellas, eres incapaz de olvidar. De las que te marcan. Una persona llena de esperanzas y de sueños.

Probablemente la segunda nota sería más corta, que no por ello menos vacía. Porque al final, uno se da cuenta de las cosas que realmente importan. Es en ese momento cuando deja de lado los lamentos, cuando deja de preocuparse por la primera nota y comienza a darse cuenta de lo afortunado que es por tener la segunda nota. Y entonces sólo tiene que hacer una cosa: disfrutar de ella.

Gracias por este año y medio gordi :)

martes, 11 de octubre de 2011

Una tetería inolvidable

Benalmádena pueblo. Delante de una estupa budista. Extraña, con la mezcla de colores y figuras que hay en su interior. Estamos allí porque quería darme la sorpresa. Veo en su cara, en sus palabras, en su tono, la decepción cuando le digo que ya había estado allí. Inconsciente de que para mí una sorpresa no es el lugar sino compartir una tarde con ella. Que, a su lado, cualquier lugar, cualquier momento, es una sorpresa única, inolvidable, simplemente maravillosa. La sorpresa ya se encarga de dármela cada día, cada mañana, cuando me despierto y miro el móvil impaciente por desearle buenos días. La sorpresa consiste en notar la vibración del móvil y notar como se sobrecoge mi corazón, impaciente por ver lo que me ha escrito.

Jardines del muro. Ls plantas dentro de esos enormes macetones. La iglesia, antigua pero cuiddosamente mantenida. Las vistas. Un lugar precioso. Al que subimos andando en vez de en ascensor. No por hacer ejercicio sino para pasear cogido de su mano. Para notar cada uno de las pequeñas presiones que su mano ejerce sobre la mía para contrarrestar el balanceo del caminar. Me encanta agarrar fuerte su mano, haciendo fuerza contra la suya. Demostrándole que siempre estaré ahí, que siempre la apoyaré.

De repente, la noto un poco triste. Le pregunto por qué, intento animarla y sacarle una sonrisa. Hago un poco el fanfarrón, digo tonterías y pongo caretos. Quizás la gente que me ve piensa que soy un payaso, pero yo encantado. El payaso de su sonrisa, el payaso de su ánimo, el payaso de su vida. Una vida que quiero compartir y pasar a su lado, una vida apasionante. Como aquellos momentos en la tetería donde, hablando del todo y de la nada, las horas eran minutos, los minutos segundos y los segundos pequeñas porciones de tiempo en las que mi corazón no podía parar de latir. Porque la quiero como a nada en el mundo.

viernes, 26 de agosto de 2011

Un viajero silencioso

Almería capital. El Gran Hotel de Almería. El cargadero de mineral. Mojácar. Las Negras. San José. Mónsul. El mirador de La Amatista. Rodalquilar. La Isleta del Moro. Pueden parecer muchas, muchísimas cosas para apenas tres días. Pero lo cierto es que ha cundido y sí, hemos hecho muchas cosas. Hemos visto multitud de rincones. Hemos probado gran cantidad de platos. Hemos disfrutado de maravillosas vistas. Hemos charlado. Nos hemos reído. Nos hemos relajado. Hemos disfrutado. Definitivamente, es mucho.

Pero no, eso no es nada de nada. Inapreciable. Insignificante. Mucho es lo que he disfrutado de ella. Mucho es lo que he indagado en su interior. Mucho es lo profundamente que he mirado en sus ojos, recorriendo hasta el último recoveco de sus apasionantes iris. Mucho es lo mucho que me ha enseñado. Mucho es, en definitiva, lo que he vivido con ella. Lo que la quiero.

También ha sido mucho lo que hemos hablado. Increíbles conversaciones, apasionantes y absorbentes como nunca. Conversaciones intrascendentes. Conversaciones de humor. Conversaciones que parecían una lucha, donde ganaba el que dijera más tonterías, y que me han hecho reír como nunca antes. Conversaciones interesantes, sobre temas importantes. Conversaciones profundas, ahondando en algún aspecto importante para nosotros. Conversaciones que llenan.

Pero a veces, aunque pueda parecer extraño, uno no aprecia tanto lo que hace como lo que deja de hacer. Al igual que hemos hablado, ha habido momentos de silencio. De no hablar. De escuchar. A veces el viento. A veces el revoloteo de las hojas. A veces el mar de fondo. A veces el piar de un montón de pájaros cantando a la naturaleza. A veces, la nada. Absorto en un momento mágico, una mirada afilada, calurosa, romántica, irresistible. Una mirada de amor. Y precisamente amor sí que hay mucho. Más del que nadie puede imaginar. De hecho, resulta increíble como un viajero silencioso puede disfrutar de momentos tan elocuentes, tsn habladores, tan llenos de significado. Te quiero :)

miércoles, 3 de agosto de 2011

De santos y ángeles

Sobre las 21:00 h. Granada. Mirador de San Nicolás. Ha costado llegar. Un día muy entretenido y divertido, pero también tremendamente cansado, en el Parque de las Ciencias. Un viaje en coche, madre mía que viaje, lleno de nervios y carcajadas. Y aún así nada comparable a lo que venía después. Por dónde diantres se entrará a la calle Elvira. Dónde estará la Granada 10. Mira aquí está. Pues vamos, subamos. Las tiendas moras y hippies, con sus cachimbas. Sus bolsos de cuero. Sus pareos. Su embriagante olor, su cautivadora esencia. Le gustan, se lo noto en la mirada. Esa mirada brillante y profunda, llena de curiosidad. Unida inseparablemente a esa sonrisa, mezcla de satisfacción, de felicidad y de agradecimiento por llevarla allí. Las gracias a ti Alba.

Cuando estuve allí hace poco más de un año, sabía que volvería. Pero esa vez, volvería con alguien muy especial para mí. Aquella vez, esas tiendas, esas teterías, ese ambiente me cautivó a mí. Sentía deseos de mirar hasta el último recoveco, deseos de guardar en mi memoria todos aquellos momentos. Quizás es porque querría contarlos y hablar de ellos. Pero nada comparado a estar allí contigo, recorriendo aquellas antiguas calles con tu mano pegada a la mía.Seguimos subiendo a nuestro ritmo, disfrutando de todo aquello. Una foto. Ese vestido hippy tan llamativo. Un bolso de cuero. Un cuadro con un poema árabe. De repente, la gente se hace menos numerosa y nos perdemos. Damos varias vueltas por aquellas calles sin encontrar el camino. ¿Pero sabes qué? Nunca he estado más tranquilo. Porque estoy contigo. Incluso perdido, cansado y sudado, la vida es maravillosa a tu lado. Podría perderme en el infinito, podría perderme en un agujero negro o en una escalera infinita de Escher, pero estando a tu lado sería feliz.

Porque esa es la palabra, gordi. Feliz. Felicidad. ¡Qué facil es decirlo, y qué difícil es alcanzarla! Supongo que es el objetivo de todo el mundo y uno, a lo largo de toda su vida, no para de hacer pesquisas, de intentar averiguar cómo se puede conseguir. Sin embargo, como con tantas cosas en su vida, uno sabe cuándo ha llegado realmente. Se da cuenta con sólo pararse a pensar un poco, de que realmente ya tiene todo lo que quería. Y se da cuenta, en el fondo, de lo sencillo que es conseguirla. Fíjate si es tan sencillo y complicado a la vez, que basta tener a mi lado a una persona como tú. Y por eso, y muchas cosas más, te dije aquella noche que lo nuestro sería duradero. Largo. Kilométrico. Infinito. Porque, ¿qué más da todo lo demás cuándo se es feliz? Te quiero amor :)

viernes, 10 de junio de 2011

Mi ritual

¿Sabes? Hay algo que nunca te he contado. De hecho, no se lo he contado ni a ti ni a nadie. Y no porque sea un secreto ni porque sea algo malo o de lo que deba arrepentirme. Simplemente no lo he contado porque lo considero algo muy personal, muy mio. Una especie de momento místico de conexión entre mi cabeza, mis emociones, mis nervios y mi consciencia. Pero ha llegado. Hoy es el momento de contártelo.

Si le preguntas a algunos de mis compañeros de clase y amigos que ya conoces qué hago antes de un examen, probablemente te dirán riéndose que me pongo como muy concentrado y parece que estoy rezando. En realidad es mucho más sencillo que eso. Sólo hago dos cosas. La primera es taparme los ojos con mucha fuerza. Y no lo hago porque no me gusta lo que veo. Lo hago porque eso agudiza mi oído y me encanta la sensación de, sin ver nada de lo que hay a mi alrededor, intentar escuchar los ruidos que aparecen y adivinar de dónde proceden, quién los está haciendo.

Y la segunda cosa es aún más sencilla. Recordar y hablar conmigo mismo. No hay más. Sólo voy recordando interiormente mi camino hasta haber llegado al examen. Las clases. Lo que he aprendido. Las cosas que me he estudiado y cómo lo he hecho. Los agobios. Las dudas resueltas. Las horas de sueño o incluso de desesperación. Pero no lo hago porque sea masoca o para hundirme en la miseria. Todo lo contrario. Lo hago para ser aún más consciente de lo que me ha costado llegar hasta ahí y empezar el examen con la sensación de que estoy ante un momento importante, un momento en el que no puedo ni voy a derrochar todo ese trabajo que ya he hecho. Eso ya nadie me lo va a quitar y, desde luego, nunca nadie podrá reprocharme que no he trabajado duro. Por eso me encargo de decírselo a mi cabeza antes de empezar cada examen. Porque de nada sirve que la gente no pueda reprochártelo si tú mismo no eres capaz de apreciar tu esfuerzo y saber que has hecho las cosas bien.

Sé que hoy va a ser un día complicado para ti, que estar allí en aquella clase te va a suponer un esfuerzo muy grande. Pero yo te animo a que hagas lo que yo y sepas valorar dónde estás, quién eres y cómo haces las cosas. ¿Y sabes cómo termino ese momento de hablar con mi interior? Pensando: vamos a comértelos que eres el mejor del mundo y lo vas a demostrar. Eso es lo que tú vas a hacer hoy, gordi. Vas a demostrar, una vez más, de qué pasta estás hecha. Cómo de increíblemente fuerte y madura eres. Vas a demostrar que no hay nadie como tú. En el mundo entero.