martes, 22 de febrero de 2011

El día del cumpleaños

Me despierto por la mañana y veo 2 rayos de luz. Uno procede de la ventana, del exterior. Del día que empieza a amanecer. El otro procede justo de mi lado. Es un rayo de luz que me hace estremecerme y desbordarme en los primeros segundos del día. Un sol. Una luna. El universo entero.

Poco después los 2 suben al coche. Jero y Miguel. Me dan una efusiva felicitación. Me gustan sus caras de felicidad. Por si no tenía suficiente, me la transmiten. Me entusiasma verlos así por mí. Se nota que son amigos. De los de verdad. Después vienen Juanan. Jaime. Y muchos más. Transcurriendo un día plagado de presentaciones de asignaturas. Relajado después de la locura de la semana anterior. Agradable, por qué no decirlo.

Sobre las 5 de la tarde. De nuevo la veo. Avalancha de besos nada más encontrarnos. Le acaricio la espalda y se echa sobre mí en la silla. Ni siquiera me da tiempo a colocarme cuando noto su cabeza apoyada en mi hombro. ¿Qué tal la mañana? Ay que penita! Uhhhhhh. Expresiones de conversaciones. Sacadas de contexto quizás no digan absolutamente nada. Pero cuando ella las pronuncia delante mía, con mis ojos clavados en los suyos y mis tímpanos vibrando con cada detalle de su armoniosa voz, dicen. Y mucho. Hasta ponerme los pelos de punta.

Tras la multitud de geniales regalos, toca paseo por el centro. Cada vez me sorprende más. Desprende vida y movimiento. A medio anochecer con las anaranjadas luces procedentes de las farolas. Precioso. Nos recorremos sus caches, paseando por librerías. De libros viejos, antiguos. De libros nuevos, a estrenar. Historias de terror, policíacas, thrillers. Poesía, teatro o literatura. Las historias de amor ni me molesto en mirarlas. Para qué. Si yo ya estoy viviendo la mía propia. Y sabe mejor que todas ellas. De hecho, sabe inmejorablemente bien.

1:35 de la madrugada. Me pongo a escribir este mensaje después de una cena y charla con buenos amigos. Amigos de muchos años y que lo serán por muchos más. Con la luz apagada y el silencio rodeándome, no puedo sino hacerme consciente de que ha sido un gran día. La gente a la que aprecio no ha parado de demostrarme cosas. Me enorgullece y me hace sentir bien. Los buenos amigos nunca sobran, y yo puedo decir que tengo bastantes. Aparte de un gran amor :)

jueves, 10 de febrero de 2011

6 meses

Sinceramente, no sé cómo empezar. Tengo tantas ganas de escribir esto, tantas cosas que decir, tantas cosas que recordar, que ni siquiera soy capaz de elegir una de ellas. Se me amontonan las ideas y los sentimientos. Se me traba la lengua. No tecleo. Estoy emocionado.

Aumentos del ritmo cardiaco. Pelos de punta. Sonrisas espontáneas. Ruborizaciones. Emociones. Alegría. Felicidad. Pasión. Amor. Todos sustantivos. Pero podrían ser adjetivos. Podrían ser el ser. O el estar. Son el todo. Cuando tienes la suerte de experimentarlos día tras día, minuto a minuto, te das cuenta de lo que valen. De lo agradables que son. De cuánto los necesitas. Son tu tristeza y tu alegría. Tu tranquilidad y tu desenfreno. Tu vida, al fin y al cabo.

Así que, de todos los momentos que me vienen a la cabeza, por qué no quedarme con uno en concreto. Quizás el más importante de todos ellos. O no. Pero fue el primero de una inmensa lista de momentos inolvidables. Hace exactamente 6 meses, una noche como esta pero más calurosa, estaba nervioso. Agitado. No sabía cómo comportarme, cómo actuar. No sabía qué pasaría, qué ocurriría. Lo que, desde luego no sabía, es que esa iba a ser la última noche en la que mi corazón iba a estar solitario. Aprisionado desde entonces por el más bonito de los sentimientos. Aprisionado por la princesa, el ángel oscuro, el bizcochito, la gordi, mi niña o como la haya podido llamar alguna otra vez. Aprisionado por ella.

Es curioso como, a pesar de hacer tanto tiempo, aún soy capaz de recordar cada segundo de aquel día. Los paseos. Las conversaciones. Las caricias. Las risas. El beso. El primer beso. Delicioso e inocente. Delirantemente acogedor. Llegó para nunca más irse. Y sin embargo, a pesar de todo lo que recordar ese momento me provoca, no es la mejor sensación que puedo tener. Ni mucho menos. La mejor sensación es que hoy, 6 meses después, sigo teniendo exactamente los mismos síntomas que tuve aquel inolvidable día. Esos sustantivos, adjetivos o cómo se llamen. El amor joder, el amor. La tormenta que se desata en mi cuerpo cada vez que la veo, que la acaricio, que le hablo o que la escucho.

Ya me he emocionado y me he puesto nervioso. Pero no por lo que pasará mañana como hace 6 meses. Sino por saber lo afortunado que soy y la persona que tengo a mi lado. Te quiero :)

Diario de un viajero 6

20:30 PM. De nuevo en el AVE. Unas 24 horas después. ¿24? Sí, sí, 24. Joder, de tantas emociones, situaciones y experiencias parece que llevo 2 semanas aquí. Sí que ha cundido. Estoy rendido. Llevo despierto 12 horas y no he parado desde entonces. Psicotécnico. Caminata.

Enciendo mi iPad y escucho 1day-1song. Qué cantidad de recuerdos tengo guardados ahí. Me echo hacia atrás en el respaldo. Apoyo los pies en el asiento delantero. Me pongo a escribir esto y abro el Bump. Hola Alba. Hola tranquilidad. Hola felicidad :)

Diario de un viajero 5

4 de la tarde. Burger King de la estación de Atocha. Allí está Blanca. La veo igual que siempre, sonriente. Parece una tontería, pero se agradece estar con alguien conocido. Charlamos. Le cuento la entrevista. Me cuenta sus cosas. Yo las mías. Nos ponemos al día.

Chueca. Curioso barrio. Mezcla de ambientes y gentes. Estéticamente atractivo. Sugerente. Se respiran los nuevos tiempos. La libertad. Me sorprende la gran cantidad de cafeterías. De diseño. Más románticas. Más de tiradillo. Elegantes. Entramos en una. Ojalá se llama. Hacía tiempo que una cafetería no me gustaba tanto. Curiosa, por poner un adjetivo. Aunque eso no le haga justicia. Parades verdes. Ventiladores colgando del techo. Neones verdes y morados. Manteles con flores. Un proyector proyectando Lupin, el ladrón de guante blanco. Flipa.

jueves, 3 de febrero de 2011

Diario de un viajero 4

8.30 AM. Llego una hora antes de lo previsto. Pregunto y aún no puedo subir. Me salgo fuera porque dentro hace mucho calor. Aunque bien pensado, igual es mi estado de exaltación. Me siento, me pongo los cascos y escucho música. Me relajo.

9.30 AM. Montones de ejecutivos trajeados. Ejecutivos elegantemente vestidos. Menos mal que al final decidí traerme la chaqueta y la corbata. La recepción es lujosa. El ascensor eorme y la sala de reunionee donde nos convocan elegante.

4 horas y media después salgo de la entrevista y vuelvo a notar el aire fresco sobre mi cara. Las sensaciones han sido extrañas. Nervioso a ratos. Expectante. Pero satisfecho. Iba con el principal objetivo de aprender y lo he hecho. Y mucho. Para ser la primera vez, creo que lo he hecho bastante bien. Me he defendido con uñas y dientes. Y era el más jóven, lo cual me llena de orgullo. Parece que el mundo real no es tan fiero como lo pintan.

Diario de un viajero 3

6.30 AM. Suena el despertador. Tengo sueño pero ni lo noto. Los nervios de la noche anterior se han convertido en ganas de demostrar quién soy. De comerse el mundo.

Me ducho, me visto y recojo la habitación. Adiós hotel. Hasta nunca o hasta luego. Entrl en la estación de Atocha. Movimiento de gentes aunque ninguna masificación. Voy el jardín oscuro. Sin iluminación. Casi se podría decir que esta abandonado. Un cola cao y dos tostadas, por favor. Con mantequilla y mermelada.

Me vuelvo a levantar todavía con más entusiasmo que antes. Entro en la boca de metro y la muchedumbre me absorbe.

Diario de un viajero 2

Madrid. Estación de Atocha. 22:45 de la noche. Bares y restaurantes ya cerrados. Me extraña, primer desbarajuste. Busco la salida y salgo justo por la contraria a la que debía. Es de noche, la calle está desierta y hace frío. Voy cargado. Me agobio un poco. La gran ciudad abruma.

Me paro em mitad de la calle. Respiro profundamente. Hablo sólo. Pareceré un chiflado pero hablo con mi interior. Me relajo. Me calmo. Me tranquilizo. 5 minutos despues llego al hotel, doy mis datos y entro en mi habitación. Lo primero es llamar a mis padres. Después llamo Alba. Tenía ganas de hablar con ellos. Me viene genial contarles mi pequeña aventura.

1:33 de la noche. Me despido de ella. Ha conseguido tranquilizarme y hacerme pasar un rato agradable. Pongo el despertqdor y me acuesto. En 5 horas en oie. A comerse Madrid. A comerse el mundo.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Diario de un viajero 1

21.50 de la noche. Montado en el AVE. Coche 8. Aquí dentro claridad total. Gente con sus portátiles. Ahí fuera, sin embargo, la nada. Alguna mísera y solitaria luz que se pierde rápidamente en el horizonte.

Me siento extraño, la verdad. Hacía bastante que no viajaba solo y, a pesar de que cabo de salir, echo de menos a mucha gente. A la gente con la que estaría compartiendo estos momentos: el tite, esther, manuel y mi bizcochito.

Pero no lo digo con tristeza o melancolía. Todo lo contrario. Lo hago con la felicidad de saber lo privilegido que soy. Jóven y con un mundo de posibilidades ante mí. Con la posibilidad de hacer un viaje relámpago como este. Con ganas de aprender de la experiencia. De disfrutar. De vivir y compartir. Lo demás ya vendrá. Las decisiones ya se tomarán.

Y ¿Sabéis una de las mejores cosas de estar aquí ahora mismo? Saber que hay un montón de gente a la que le importo que ahora mismo están casi tan expectantes como yo. Bueno, no sé si serán un montón. Pero desde luego son los que a mí me importan. Y la sensación de que al volver estarán ahí, como siempre, es maravillosa.