miércoles, 2 de febrero de 2011

Diario de un viajero 1

21.50 de la noche. Montado en el AVE. Coche 8. Aquí dentro claridad total. Gente con sus portátiles. Ahí fuera, sin embargo, la nada. Alguna mísera y solitaria luz que se pierde rápidamente en el horizonte.

Me siento extraño, la verdad. Hacía bastante que no viajaba solo y, a pesar de que cabo de salir, echo de menos a mucha gente. A la gente con la que estaría compartiendo estos momentos: el tite, esther, manuel y mi bizcochito.

Pero no lo digo con tristeza o melancolía. Todo lo contrario. Lo hago con la felicidad de saber lo privilegido que soy. Jóven y con un mundo de posibilidades ante mí. Con la posibilidad de hacer un viaje relámpago como este. Con ganas de aprender de la experiencia. De disfrutar. De vivir y compartir. Lo demás ya vendrá. Las decisiones ya se tomarán.

Y ¿Sabéis una de las mejores cosas de estar aquí ahora mismo? Saber que hay un montón de gente a la que le importo que ahora mismo están casi tan expectantes como yo. Bueno, no sé si serán un montón. Pero desde luego son los que a mí me importan. Y la sensación de que al volver estarán ahí, como siempre, es maravillosa.

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