7.30 de la mañana. Suena el despertador. Fastidia. Un despertar tan repentino no debe ser bueno. No ha sido una mala noche, pero algo extraño se nota. Me siento raro. La garganta irritada de la tos nocturna. La rodilla con molestias después de bastante tiempo. En principio, nada que una buena y agradable ducha no pueda solucionar. Pero no, hoy no. Parece que el cuerpo ha despertado caprichoso.
Pienso en ella. Es mi forma de evadirme, de quitarme todo lo negativo de la cabeza. Me vienen a la cabeza multitud de recuerdos, de momentos del día anterior. Miradas espontáneas, caricias de manos, gominolas con forma de osito. Un beso. Perdón, EL beso. Largamente esperado, deseado, ansiado. Creía que por eso había sabido tan bien. Pero no, es simplemente porque la quiero.
Me apetece sorprenderla. Que en un momento inesperado, a punto de empezar su rutina, sepa de mí. Quiero que saque su sonrisa allí donde esté. Que le vengan a la cabeza los mismos pensamientos que yo acabo de tener. Le mando un mensaje. Simplemente con mandarlo, me ilusiono bastante.
Después, el día sigue por los mismos derroteros. La monotonía me absorbe. Escucho explicaciones, algunas más interesantes, otras más somnolientas. Pero, de repente, Luz. Noto una pequeña vibración. Ha sido en la pierna, bolsillo derecho. Pero hubiera jurado que me ha subido por todo el cuerpo, llenándome por dentro hasta llegar al corazón. De repente vuelo de allí. Me voy a otro lugar. Desconocido, pero ni siquiera me fijo en él. Allí mismo, sin poder esperar un segundo más, saco el móvil. Abro el mensaje. Lo leo. Se acaba de arreglar todo mi día. Una enorme sonrisa aparece en mi cara. Me siento genial. Te quiero :)
Música eres tú
Hace 13 años
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