Estaba oscuro. Apenas había una extraña claridad, procedente de no se sabe muy bien dónde. En realidad estaba agusto. Desde que tenía conciencia, había estado allí. De haber sabido lo que significa la palabra existir, hubiera dicho que allí fue donde empezó a existir. Al principio era un ser extraño, prácticamente inexistente, carente de forma. Sin embargo, conforme habían ido pasando los meses, fue notando los cambios en su propio cuerpo. Cada día se veía más grande, más crecido, más consciente. A los lados le estaban apareciendo unas extrañas extremidades, cada segundo, cada día, más largas y poderosas. Pero lo que más le inquietaba estaba en el mismo lugar por dónde hablaba. Allí dónde las palabras surgían, donde era capaz de expresarse (aunque aún no sabía muy bien con quién), estaba apareciendo algo duro. Muy duro. Parecía indestructible, potente, capaz de destruir cualquier cosa.
Como ya he dicho, estaba agusto allí. Sin embargo...algo ocurría en su interior. Algo tiraba de él. De no se sabe muy bien dónde, surgían unas inmensas ganas de saber qué había allí fuera, al otro lado. Allí donde, a veces, parecían oírse sonidos extraños, mitigados por la dureza ennegrecida. Allí donde, a veces, parecían oírse sonidos semejantes a los que, raramente, era capaz de expulsar a través de la dureza que tanto le inquietaba. Allí donde, para ser sinceros, sabía que al final acabaría. Sabía que era su destino. Era demasiado inquieto, demasiado intrépido como para apaciguar esa curiosidad que hacía su corazón latir. Claro que por entonces él ni siquiera sabía que era eso del corazón. Y por supuesto que él tenía uno.
Música eres tú
Hace 13 años
No hay comentarios:
Publicar un comentario