martes, 11 de octubre de 2011

Una tetería inolvidable

Benalmádena pueblo. Delante de una estupa budista. Extraña, con la mezcla de colores y figuras que hay en su interior. Estamos allí porque quería darme la sorpresa. Veo en su cara, en sus palabras, en su tono, la decepción cuando le digo que ya había estado allí. Inconsciente de que para mí una sorpresa no es el lugar sino compartir una tarde con ella. Que, a su lado, cualquier lugar, cualquier momento, es una sorpresa única, inolvidable, simplemente maravillosa. La sorpresa ya se encarga de dármela cada día, cada mañana, cuando me despierto y miro el móvil impaciente por desearle buenos días. La sorpresa consiste en notar la vibración del móvil y notar como se sobrecoge mi corazón, impaciente por ver lo que me ha escrito.

Jardines del muro. Ls plantas dentro de esos enormes macetones. La iglesia, antigua pero cuiddosamente mantenida. Las vistas. Un lugar precioso. Al que subimos andando en vez de en ascensor. No por hacer ejercicio sino para pasear cogido de su mano. Para notar cada uno de las pequeñas presiones que su mano ejerce sobre la mía para contrarrestar el balanceo del caminar. Me encanta agarrar fuerte su mano, haciendo fuerza contra la suya. Demostrándole que siempre estaré ahí, que siempre la apoyaré.

De repente, la noto un poco triste. Le pregunto por qué, intento animarla y sacarle una sonrisa. Hago un poco el fanfarrón, digo tonterías y pongo caretos. Quizás la gente que me ve piensa que soy un payaso, pero yo encantado. El payaso de su sonrisa, el payaso de su ánimo, el payaso de su vida. Una vida que quiero compartir y pasar a su lado, una vida apasionante. Como aquellos momentos en la tetería donde, hablando del todo y de la nada, las horas eran minutos, los minutos segundos y los segundos pequeñas porciones de tiempo en las que mi corazón no podía parar de latir. Porque la quiero como a nada en el mundo.

viernes, 26 de agosto de 2011

Un viajero silencioso

Almería capital. El Gran Hotel de Almería. El cargadero de mineral. Mojácar. Las Negras. San José. Mónsul. El mirador de La Amatista. Rodalquilar. La Isleta del Moro. Pueden parecer muchas, muchísimas cosas para apenas tres días. Pero lo cierto es que ha cundido y sí, hemos hecho muchas cosas. Hemos visto multitud de rincones. Hemos probado gran cantidad de platos. Hemos disfrutado de maravillosas vistas. Hemos charlado. Nos hemos reído. Nos hemos relajado. Hemos disfrutado. Definitivamente, es mucho.

Pero no, eso no es nada de nada. Inapreciable. Insignificante. Mucho es lo que he disfrutado de ella. Mucho es lo que he indagado en su interior. Mucho es lo profundamente que he mirado en sus ojos, recorriendo hasta el último recoveco de sus apasionantes iris. Mucho es lo mucho que me ha enseñado. Mucho es, en definitiva, lo que he vivido con ella. Lo que la quiero.

También ha sido mucho lo que hemos hablado. Increíbles conversaciones, apasionantes y absorbentes como nunca. Conversaciones intrascendentes. Conversaciones de humor. Conversaciones que parecían una lucha, donde ganaba el que dijera más tonterías, y que me han hecho reír como nunca antes. Conversaciones interesantes, sobre temas importantes. Conversaciones profundas, ahondando en algún aspecto importante para nosotros. Conversaciones que llenan.

Pero a veces, aunque pueda parecer extraño, uno no aprecia tanto lo que hace como lo que deja de hacer. Al igual que hemos hablado, ha habido momentos de silencio. De no hablar. De escuchar. A veces el viento. A veces el revoloteo de las hojas. A veces el mar de fondo. A veces el piar de un montón de pájaros cantando a la naturaleza. A veces, la nada. Absorto en un momento mágico, una mirada afilada, calurosa, romántica, irresistible. Una mirada de amor. Y precisamente amor sí que hay mucho. Más del que nadie puede imaginar. De hecho, resulta increíble como un viajero silencioso puede disfrutar de momentos tan elocuentes, tsn habladores, tan llenos de significado. Te quiero :)

miércoles, 3 de agosto de 2011

De santos y ángeles

Sobre las 21:00 h. Granada. Mirador de San Nicolás. Ha costado llegar. Un día muy entretenido y divertido, pero también tremendamente cansado, en el Parque de las Ciencias. Un viaje en coche, madre mía que viaje, lleno de nervios y carcajadas. Y aún así nada comparable a lo que venía después. Por dónde diantres se entrará a la calle Elvira. Dónde estará la Granada 10. Mira aquí está. Pues vamos, subamos. Las tiendas moras y hippies, con sus cachimbas. Sus bolsos de cuero. Sus pareos. Su embriagante olor, su cautivadora esencia. Le gustan, se lo noto en la mirada. Esa mirada brillante y profunda, llena de curiosidad. Unida inseparablemente a esa sonrisa, mezcla de satisfacción, de felicidad y de agradecimiento por llevarla allí. Las gracias a ti Alba.

Cuando estuve allí hace poco más de un año, sabía que volvería. Pero esa vez, volvería con alguien muy especial para mí. Aquella vez, esas tiendas, esas teterías, ese ambiente me cautivó a mí. Sentía deseos de mirar hasta el último recoveco, deseos de guardar en mi memoria todos aquellos momentos. Quizás es porque querría contarlos y hablar de ellos. Pero nada comparado a estar allí contigo, recorriendo aquellas antiguas calles con tu mano pegada a la mía.Seguimos subiendo a nuestro ritmo, disfrutando de todo aquello. Una foto. Ese vestido hippy tan llamativo. Un bolso de cuero. Un cuadro con un poema árabe. De repente, la gente se hace menos numerosa y nos perdemos. Damos varias vueltas por aquellas calles sin encontrar el camino. ¿Pero sabes qué? Nunca he estado más tranquilo. Porque estoy contigo. Incluso perdido, cansado y sudado, la vida es maravillosa a tu lado. Podría perderme en el infinito, podría perderme en un agujero negro o en una escalera infinita de Escher, pero estando a tu lado sería feliz.

Porque esa es la palabra, gordi. Feliz. Felicidad. ¡Qué facil es decirlo, y qué difícil es alcanzarla! Supongo que es el objetivo de todo el mundo y uno, a lo largo de toda su vida, no para de hacer pesquisas, de intentar averiguar cómo se puede conseguir. Sin embargo, como con tantas cosas en su vida, uno sabe cuándo ha llegado realmente. Se da cuenta con sólo pararse a pensar un poco, de que realmente ya tiene todo lo que quería. Y se da cuenta, en el fondo, de lo sencillo que es conseguirla. Fíjate si es tan sencillo y complicado a la vez, que basta tener a mi lado a una persona como tú. Y por eso, y muchas cosas más, te dije aquella noche que lo nuestro sería duradero. Largo. Kilométrico. Infinito. Porque, ¿qué más da todo lo demás cuándo se es feliz? Te quiero amor :)

viernes, 10 de junio de 2011

Mi ritual

¿Sabes? Hay algo que nunca te he contado. De hecho, no se lo he contado ni a ti ni a nadie. Y no porque sea un secreto ni porque sea algo malo o de lo que deba arrepentirme. Simplemente no lo he contado porque lo considero algo muy personal, muy mio. Una especie de momento místico de conexión entre mi cabeza, mis emociones, mis nervios y mi consciencia. Pero ha llegado. Hoy es el momento de contártelo.

Si le preguntas a algunos de mis compañeros de clase y amigos que ya conoces qué hago antes de un examen, probablemente te dirán riéndose que me pongo como muy concentrado y parece que estoy rezando. En realidad es mucho más sencillo que eso. Sólo hago dos cosas. La primera es taparme los ojos con mucha fuerza. Y no lo hago porque no me gusta lo que veo. Lo hago porque eso agudiza mi oído y me encanta la sensación de, sin ver nada de lo que hay a mi alrededor, intentar escuchar los ruidos que aparecen y adivinar de dónde proceden, quién los está haciendo.

Y la segunda cosa es aún más sencilla. Recordar y hablar conmigo mismo. No hay más. Sólo voy recordando interiormente mi camino hasta haber llegado al examen. Las clases. Lo que he aprendido. Las cosas que me he estudiado y cómo lo he hecho. Los agobios. Las dudas resueltas. Las horas de sueño o incluso de desesperación. Pero no lo hago porque sea masoca o para hundirme en la miseria. Todo lo contrario. Lo hago para ser aún más consciente de lo que me ha costado llegar hasta ahí y empezar el examen con la sensación de que estoy ante un momento importante, un momento en el que no puedo ni voy a derrochar todo ese trabajo que ya he hecho. Eso ya nadie me lo va a quitar y, desde luego, nunca nadie podrá reprocharme que no he trabajado duro. Por eso me encargo de decírselo a mi cabeza antes de empezar cada examen. Porque de nada sirve que la gente no pueda reprochártelo si tú mismo no eres capaz de apreciar tu esfuerzo y saber que has hecho las cosas bien.

Sé que hoy va a ser un día complicado para ti, que estar allí en aquella clase te va a suponer un esfuerzo muy grande. Pero yo te animo a que hagas lo que yo y sepas valorar dónde estás, quién eres y cómo haces las cosas. ¿Y sabes cómo termino ese momento de hablar con mi interior? Pensando: vamos a comértelos que eres el mejor del mundo y lo vas a demostrar. Eso es lo que tú vas a hacer hoy, gordi. Vas a demostrar, una vez más, de qué pasta estás hecha. Cómo de increíblemente fuerte y madura eres. Vas a demostrar que no hay nadie como tú. En el mundo entero.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Un día en Nerja

Nerja. 11 de Agosto de 2010. Hace justo 9 meses. Parece mentira cuánto tiempo ha pasado, cuánto la conozco, cuántas cosas hemos hecho juntos. Me acuerdo de aquel día y recuerdo los nervios, las vueltas a la cabeza, los planes, las conversaciones pensadas de antemano por si me quedaba en blanco delante de ella. La verdad es que ahora puedo decir que todo eso fue para nada. Fue entablar el primer saludo con ella y los nervios volaron. Y aparecieron la tranquilidad, la naturalidad, la paz interior. Pero aún así me gusta recordar aquellas sensaciones. Porque me hacen ser conscientes de lo importante que era aquel momento para mí. De lo que, ya por entonces, me hacía sentir.

Pequeña calita junto al Balcón de Europa. Bajo la mirada, supongo que no atenta, de cientos de turistas. Gente a nuestro lado tumbada en sus toallas. Chavales jugando con el balón. Incluso alguna andaba por allí con una colchoneta. Personas anónimas que de repente pasaron a convertirse en héroes para mí. Fueron mis compañeros involuntarios de aventura. Sobre ellos hablamos, bromeamos y nos reímos. Nuestras primeras risas. Mis primeras miradas, prácticamente de reojo, para mirar sus ojos. Para mirar también donde le acariciaba: remolinos en el pelo, las orejas, las mejillas. La piel se me ponía de gallina continuamente, y no era porque hiciera frio. Eran las emociones, los sentimientos regurgitando en mi interior, deseosos de liberarse y expresar todo lo que sentía.

Pizzería con una terraza al borde del mar. A oscuras con una iluminación tenue, afianzada por unas pequeñas velas en el centro de cada mesa. Apenas la conocía todavía, pero fue ahí donde empecé a hacerlo. Anécdotas, aventuras, gustos musicales, profesores capullos. Un poquito de todo. Nada comparado con lo que aún me quedaba por conocer, pero fue una bonita forma de abrir la caja. Pandora se desató como nunca, dejándome ansioso por conocer más y más cosas sobre ella.

Quién me iba a decir hace hoy 9 meses que no sólo conocería esas cosas (y muchas más que voy descubriendo poquito a poco) sino que formaría parte de ellas. Ya no tiene sentido hablar de mi o su alegría, mi o su tristeza, mis o sus anécdotas, mi o su felicidad. Ya somos uno. Lo compartimos todo, nos divertimos juntos, nos apoyamos mutuamente. Nos queremos :)

lunes, 25 de abril de 2011

Entre tronos

Calle Larios. 02:00 AM. No hace frío ni tampoco calor, 0 grados como diría aquel. Enorme portal de madera, con escalón de mármol elevándose ligeramente sobre el suelo. Se abre muchas veces. Multitud de veces. Pero no importa. Es un sitio genial para estar. Nos tomamos un helado, una granizada, algunas chuches. Sentados, de pies, con su cabeza sobre mi hombro o cara a cara. La postura es lo de menos. Lo realmente importante es que está a mi lado. Que puedo coger su mano, acariciar su pelo, hablarle, escucharla, mirarla. Mirarla fijamente, sin pestañear, queriendo penetrar a través de sus iris. Acercarla a mí y besarla cuando no puedo contener más el amor y me desborda por completo. Es mi forma de hacer que ella lo sienta.

Procesión de Los Servitas. Las luces se apagan. El silencio aparece. La única iluminación, tenue, procede de las velas que llevan los nazarenos. O los penitentes, como se diga. De tramo en tramo, uno de ellos predica. Ayudado por algún compañero que le ilumina. Es emotiva la verdad. Incluso un poco de locos, me atrevería a decir. Y, a mi lado, ella. Está cansada. Tiene frío. Y sé que estar allí, viendo la procesión, no es lo que más le apetece del mundo. Es más, sé que no le apetece nada. Que si por ella fuera, no estaría allí. Pero no lo está por ella. Lo está por mí. Y no sabe cuánto se lo agradezco. A pesar de que se lo diga varias veces, ni se lo imagina.

A veces me dice que ha perdido cosas por las que me enamore de ella. Tonterías. Una enorme tontería. No sólo no las ha perdido sino que las ha ganado. Y me ha hecho descubrir una cantidad ingente de matices en su personalidad. En su forma de ser. En sus gustos. En su vida. Porque en el fondo todos somos realmente parecidos. Sólo cambian los matices. Pero joder, ella se encarga de demostrar cada día que los matices son lo realmente importante. Porque si llamas a esto perder cosas, por favor, pierde muchísimas más :)

domingo, 10 de abril de 2011

Un mes más

Ocho. Ocho meses. Fabulosos y maravillosos. Impactantes, renovadores. 8 meses que me han cambiado a mí, a mi ser, a mi alma. Pero hoy no quiero destacar lo bueno, sino lo malo. Porque sin lo malo, lo bueno no tendría sentido. De hecho, ni sabríamos qué es.

Y sólo puedo darte las gracias por estar en los malos momentos. Hayan sido muchos o pocos. Hayan estado acumulados en un día, una semana o un mes. Hayan sido más serios o más insignificantes. Siempre has estado ahí. Insuflándome aire. Cuando todo se empezaba a tambalear. Cuando todo se ponía en entredicho. Cuando todo se ennegrecía. Llegaba la oscuridad. Aparecías tú, ángel oscuro. Con tu luz cegadora, atravesando mis pupilas, mi retina y llegando a lo más profundo de mí. Sujetándome con tus brazos, diciendo las palabras exactas, dando los abrazos justos.

Y hablando de abrazos. ¿Te acuerdas de aquel abrazo, sacado de la nada en el último momento, que te dí en Nerja hace 8 meses? Cuando te rodeé con mi toalla, deseando abalanzarme sobre ti, y me contuve en el último segundo. A veces pienso por qué no te besé. Y siempre llego a la misma conclusión. Porque no era el momento. Porque si algo me gusta de nosotros, es que lo hemos hecho todo cuando teníamos que hacerlo. Ni antes, ni después, sino en su debido momento. Y así llevamos 8 meses ya. Prepárate para el beso que te voy a dar mañana para celebrarlo :)

lunes, 28 de marzo de 2011

Por un momento así

Cuando uno se pone a reflexionar y pensar a oscuras, iluminado única y tenuemente por la luz de la pantalla, se da cuenta de que la vida no es mas que una simbiosis perfecta de momentos entrelazados. Momentos de estrés, momentos de pena, momentos de locura, momentos de alegría, momentos de dulzura, momentos de amor, momentos de pasión, momentos de felicidad. La clave está en exprimir cada uno de ellos. Sacarles todo su jugo. Disfrutarlos a más no poder. Porque son lo que te hace vivir. Porque son lo que conforma tu vida. Porque son lo que te desarrolla como persona.

Ronda. Alameda del Tajo. Muy cercanos al balcón de nombre innombrable. Detrás mía el parque, con sus arbustos atosigados por pequeñajos jugueteando con el balón. Delante mía, la inmensidad. El eterno cielo azul, brevemente franqueado por las verdes colinas que colindan con el majestuoso tajo. Afilado, árido, cortante. Excavado por un dios, un diablo o vete a saber qué fuerza de la naturaleza.

Ella subida en la pequeña muralla. Yo de pies. A su lado. Justo enfrente suya. Con los ojos clavados en los suyos, atrapados por la locura azul y marrón. Locura que me hace hervir por dentro, con la sangre llameando por mi ardiente corazón. Detrás nuestra suena música. Música de artistas desconocidos pero, en ese momento, sumamente agradable. Placentera.

Y, de repente, nuestros labios se unen. El tiempo se para, el viento deja de soplar, la música deja de sonar, los niños dejan de jugar. Sólo se escuchan su corazón y el mío, danzando al ritmo del amor, taquicárdicos pero increíblemente felices. Cuando se vuelven a separar, mi impresión es que ha pasado una eternidad. La realidad es que ha sido un momento. El tiempo vuelve a correr, el viento sigue soplando, la música sigue sonando, los niños siguen jugando. El mundo sigue igual. Pero ella y yo tenemos esa sonrisa. Bobalicones pero enamorados. Y por eso hay gente que pagaría. Por un momento así.

jueves, 10 de marzo de 2011

Un día más, pero no un día cualquiera

Aparcado en segunda fila. Enfrente de su portal. De repente la veo aparecer. Noto como mis mejillas tiran de mis labios y aparece en mi cara esa sonrisa. La sonrisa bobalicona de estar completamente enamorado. Abre la puerta, se sube. Nos damos un beso. Estoy con ella desde hace 10 segundos y ya me ha puesto los pelos de punta. Algo me dice que esta tarde va a ser especial, muy especial.

Huelin. Un parque, no el del oeste, con un lago. Le cuento mi día, mis últimas aventuras y ella me pone al día de sus andanzas. A ratos apoyo mi brazo sobre sus hombros, arropándola y acercándola a mí. A ratos la cojo de la mano y ambos avanzamos con un leve balanceo. Puede que sea indicativo de felicidad porque desde luego yo lo soy, y mucho. Interrumpimos nuestro paseo para sentarnos en un árbol. Torcido y doblado. Estoy detrás suya. Seguimos hablando. Te pido perdón. Admito que hubo algún momento donde no te escuchaba. No es que no quisiera, es que no podía parar de admirarte. Tan guapa, tan increíblemente guapa. Tan dulce. Tan risueña. De nuevo, consigues acelerar mi corazón.

Centro de Málaga. Próximo a la sala Möet, la pastelería Javi o el futuro museo Thyssen. Ahí está la tetería. Hacía mucho tiempo que no venía, de hecho ya casi ni la recordaba. Cosa que ya nunca va a volver a pasar. Momentos mágicos e inolvidables ocurrieron en esa tetería que, para mí, siempre será un lugar admirado y recordado. La luz tenue, las velas de colores ( más pequeñas de lo que yo recordaba ), los batidos y los crepes. Y su sonrisa claro. Cada vez que asoman sus dientes, cada vez que se estiran sus labios, cada vez que su mano se aprieta contra la mía, no puedo evitar temblar. Los escalofríos recorren todo mi cuerpo y el mundo se encoge. Se encoge hasta reducirse a los 2 :)

¿Y sabes qué? Hoy hacemos 7 meses y pensaba escribir algo que los resumiera, algo que te explicara cómo me siento. Cómo de bien quiero decir :) Pero no le veo sentido. Porque para mí lo bonito no son los 7 meses que he pasado junto a ti ( que lo son, y mucho ) sino todos los que me quedan por vivir. Para mí lo bonito es estar un fin de semana, un día, horas, minutos contigo. Formar parte de tu vida y que tú la formes de la mía. Que yo sea tu conguito y tu mi bizcochito :)

Te quiero Alba :)

martes, 22 de febrero de 2011

El día del cumpleaños

Me despierto por la mañana y veo 2 rayos de luz. Uno procede de la ventana, del exterior. Del día que empieza a amanecer. El otro procede justo de mi lado. Es un rayo de luz que me hace estremecerme y desbordarme en los primeros segundos del día. Un sol. Una luna. El universo entero.

Poco después los 2 suben al coche. Jero y Miguel. Me dan una efusiva felicitación. Me gustan sus caras de felicidad. Por si no tenía suficiente, me la transmiten. Me entusiasma verlos así por mí. Se nota que son amigos. De los de verdad. Después vienen Juanan. Jaime. Y muchos más. Transcurriendo un día plagado de presentaciones de asignaturas. Relajado después de la locura de la semana anterior. Agradable, por qué no decirlo.

Sobre las 5 de la tarde. De nuevo la veo. Avalancha de besos nada más encontrarnos. Le acaricio la espalda y se echa sobre mí en la silla. Ni siquiera me da tiempo a colocarme cuando noto su cabeza apoyada en mi hombro. ¿Qué tal la mañana? Ay que penita! Uhhhhhh. Expresiones de conversaciones. Sacadas de contexto quizás no digan absolutamente nada. Pero cuando ella las pronuncia delante mía, con mis ojos clavados en los suyos y mis tímpanos vibrando con cada detalle de su armoniosa voz, dicen. Y mucho. Hasta ponerme los pelos de punta.

Tras la multitud de geniales regalos, toca paseo por el centro. Cada vez me sorprende más. Desprende vida y movimiento. A medio anochecer con las anaranjadas luces procedentes de las farolas. Precioso. Nos recorremos sus caches, paseando por librerías. De libros viejos, antiguos. De libros nuevos, a estrenar. Historias de terror, policíacas, thrillers. Poesía, teatro o literatura. Las historias de amor ni me molesto en mirarlas. Para qué. Si yo ya estoy viviendo la mía propia. Y sabe mejor que todas ellas. De hecho, sabe inmejorablemente bien.

1:35 de la madrugada. Me pongo a escribir este mensaje después de una cena y charla con buenos amigos. Amigos de muchos años y que lo serán por muchos más. Con la luz apagada y el silencio rodeándome, no puedo sino hacerme consciente de que ha sido un gran día. La gente a la que aprecio no ha parado de demostrarme cosas. Me enorgullece y me hace sentir bien. Los buenos amigos nunca sobran, y yo puedo decir que tengo bastantes. Aparte de un gran amor :)

jueves, 10 de febrero de 2011

6 meses

Sinceramente, no sé cómo empezar. Tengo tantas ganas de escribir esto, tantas cosas que decir, tantas cosas que recordar, que ni siquiera soy capaz de elegir una de ellas. Se me amontonan las ideas y los sentimientos. Se me traba la lengua. No tecleo. Estoy emocionado.

Aumentos del ritmo cardiaco. Pelos de punta. Sonrisas espontáneas. Ruborizaciones. Emociones. Alegría. Felicidad. Pasión. Amor. Todos sustantivos. Pero podrían ser adjetivos. Podrían ser el ser. O el estar. Son el todo. Cuando tienes la suerte de experimentarlos día tras día, minuto a minuto, te das cuenta de lo que valen. De lo agradables que son. De cuánto los necesitas. Son tu tristeza y tu alegría. Tu tranquilidad y tu desenfreno. Tu vida, al fin y al cabo.

Así que, de todos los momentos que me vienen a la cabeza, por qué no quedarme con uno en concreto. Quizás el más importante de todos ellos. O no. Pero fue el primero de una inmensa lista de momentos inolvidables. Hace exactamente 6 meses, una noche como esta pero más calurosa, estaba nervioso. Agitado. No sabía cómo comportarme, cómo actuar. No sabía qué pasaría, qué ocurriría. Lo que, desde luego no sabía, es que esa iba a ser la última noche en la que mi corazón iba a estar solitario. Aprisionado desde entonces por el más bonito de los sentimientos. Aprisionado por la princesa, el ángel oscuro, el bizcochito, la gordi, mi niña o como la haya podido llamar alguna otra vez. Aprisionado por ella.

Es curioso como, a pesar de hacer tanto tiempo, aún soy capaz de recordar cada segundo de aquel día. Los paseos. Las conversaciones. Las caricias. Las risas. El beso. El primer beso. Delicioso e inocente. Delirantemente acogedor. Llegó para nunca más irse. Y sin embargo, a pesar de todo lo que recordar ese momento me provoca, no es la mejor sensación que puedo tener. Ni mucho menos. La mejor sensación es que hoy, 6 meses después, sigo teniendo exactamente los mismos síntomas que tuve aquel inolvidable día. Esos sustantivos, adjetivos o cómo se llamen. El amor joder, el amor. La tormenta que se desata en mi cuerpo cada vez que la veo, que la acaricio, que le hablo o que la escucho.

Ya me he emocionado y me he puesto nervioso. Pero no por lo que pasará mañana como hace 6 meses. Sino por saber lo afortunado que soy y la persona que tengo a mi lado. Te quiero :)

Diario de un viajero 6

20:30 PM. De nuevo en el AVE. Unas 24 horas después. ¿24? Sí, sí, 24. Joder, de tantas emociones, situaciones y experiencias parece que llevo 2 semanas aquí. Sí que ha cundido. Estoy rendido. Llevo despierto 12 horas y no he parado desde entonces. Psicotécnico. Caminata.

Enciendo mi iPad y escucho 1day-1song. Qué cantidad de recuerdos tengo guardados ahí. Me echo hacia atrás en el respaldo. Apoyo los pies en el asiento delantero. Me pongo a escribir esto y abro el Bump. Hola Alba. Hola tranquilidad. Hola felicidad :)

Diario de un viajero 5

4 de la tarde. Burger King de la estación de Atocha. Allí está Blanca. La veo igual que siempre, sonriente. Parece una tontería, pero se agradece estar con alguien conocido. Charlamos. Le cuento la entrevista. Me cuenta sus cosas. Yo las mías. Nos ponemos al día.

Chueca. Curioso barrio. Mezcla de ambientes y gentes. Estéticamente atractivo. Sugerente. Se respiran los nuevos tiempos. La libertad. Me sorprende la gran cantidad de cafeterías. De diseño. Más románticas. Más de tiradillo. Elegantes. Entramos en una. Ojalá se llama. Hacía tiempo que una cafetería no me gustaba tanto. Curiosa, por poner un adjetivo. Aunque eso no le haga justicia. Parades verdes. Ventiladores colgando del techo. Neones verdes y morados. Manteles con flores. Un proyector proyectando Lupin, el ladrón de guante blanco. Flipa.

jueves, 3 de febrero de 2011

Diario de un viajero 4

8.30 AM. Llego una hora antes de lo previsto. Pregunto y aún no puedo subir. Me salgo fuera porque dentro hace mucho calor. Aunque bien pensado, igual es mi estado de exaltación. Me siento, me pongo los cascos y escucho música. Me relajo.

9.30 AM. Montones de ejecutivos trajeados. Ejecutivos elegantemente vestidos. Menos mal que al final decidí traerme la chaqueta y la corbata. La recepción es lujosa. El ascensor eorme y la sala de reunionee donde nos convocan elegante.

4 horas y media después salgo de la entrevista y vuelvo a notar el aire fresco sobre mi cara. Las sensaciones han sido extrañas. Nervioso a ratos. Expectante. Pero satisfecho. Iba con el principal objetivo de aprender y lo he hecho. Y mucho. Para ser la primera vez, creo que lo he hecho bastante bien. Me he defendido con uñas y dientes. Y era el más jóven, lo cual me llena de orgullo. Parece que el mundo real no es tan fiero como lo pintan.

Diario de un viajero 3

6.30 AM. Suena el despertador. Tengo sueño pero ni lo noto. Los nervios de la noche anterior se han convertido en ganas de demostrar quién soy. De comerse el mundo.

Me ducho, me visto y recojo la habitación. Adiós hotel. Hasta nunca o hasta luego. Entrl en la estación de Atocha. Movimiento de gentes aunque ninguna masificación. Voy el jardín oscuro. Sin iluminación. Casi se podría decir que esta abandonado. Un cola cao y dos tostadas, por favor. Con mantequilla y mermelada.

Me vuelvo a levantar todavía con más entusiasmo que antes. Entro en la boca de metro y la muchedumbre me absorbe.

Diario de un viajero 2

Madrid. Estación de Atocha. 22:45 de la noche. Bares y restaurantes ya cerrados. Me extraña, primer desbarajuste. Busco la salida y salgo justo por la contraria a la que debía. Es de noche, la calle está desierta y hace frío. Voy cargado. Me agobio un poco. La gran ciudad abruma.

Me paro em mitad de la calle. Respiro profundamente. Hablo sólo. Pareceré un chiflado pero hablo con mi interior. Me relajo. Me calmo. Me tranquilizo. 5 minutos despues llego al hotel, doy mis datos y entro en mi habitación. Lo primero es llamar a mis padres. Después llamo Alba. Tenía ganas de hablar con ellos. Me viene genial contarles mi pequeña aventura.

1:33 de la noche. Me despido de ella. Ha conseguido tranquilizarme y hacerme pasar un rato agradable. Pongo el despertqdor y me acuesto. En 5 horas en oie. A comerse Madrid. A comerse el mundo.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Diario de un viajero 1

21.50 de la noche. Montado en el AVE. Coche 8. Aquí dentro claridad total. Gente con sus portátiles. Ahí fuera, sin embargo, la nada. Alguna mísera y solitaria luz que se pierde rápidamente en el horizonte.

Me siento extraño, la verdad. Hacía bastante que no viajaba solo y, a pesar de que cabo de salir, echo de menos a mucha gente. A la gente con la que estaría compartiendo estos momentos: el tite, esther, manuel y mi bizcochito.

Pero no lo digo con tristeza o melancolía. Todo lo contrario. Lo hago con la felicidad de saber lo privilegido que soy. Jóven y con un mundo de posibilidades ante mí. Con la posibilidad de hacer un viaje relámpago como este. Con ganas de aprender de la experiencia. De disfrutar. De vivir y compartir. Lo demás ya vendrá. Las decisiones ya se tomarán.

Y ¿Sabéis una de las mejores cosas de estar aquí ahora mismo? Saber que hay un montón de gente a la que le importo que ahora mismo están casi tan expectantes como yo. Bueno, no sé si serán un montón. Pero desde luego son los que a mí me importan. Y la sensación de que al volver estarán ahí, como siempre, es maravillosa.

domingo, 16 de enero de 2011

De 18:30 a 20:30

18:30. Sentados en un banco del parque. Frente a un lago repleto de patos, con un tremendo chorro de agua disparado hacia el cielo. Disparado como mis sentimientos. Sonreímos. Nos miramos. Digo una chorrada. Nos reímos a carcajadas. Perseguimos a una gallina. Coinciden nuestras miradas y nuestras manos, ansiosas por acariciarse. Ansiosas por no separarse jamás.

Pequeña cafetería. De noche, con la única luz de unas amarillentas farolas. San Francisco para ella. Capuccino para mí. Quizás el café que me ha dejado mejor sabor de boca en toda mi vida. Por tomármelo junto a ella. Suena música...variopinta, por decir algo. De nuevo esa mirada. Joder. Acabo de derretirme por dentro, de sentir como el amor se impulsaba hasta por el último rescoldo de mi cuerpo. Nos besamos. Nos miramos. Nos volvemos a besar y nos volvemos a mirar. Muy cerca, acariciando su pelo. Nos comunicamos con la mirada. Como se puede, en unos pocos segundos pasajeros e ínfimos, decir tanto sin hablar nada. De nuevo momentos inolvidables junto a ella. De repente, la anécdota. Una niña anónima, desconocida, nos echa una foto. Nos volvemos a reír. Es lo que tiene estar junto a ella. Hace de la vida algo único. Crea momentos inolvidables de la nada. Convierte mi vida en una aventura sencillamente deliciosa.

20:30. Recorremos nuestros pasos anteriores para volver donde todo empezó. El banco. Pero ahora han cambiado muchas cosas. No hay ruido de personas, de niños jugando, de mayores charlando. No hay luz, sólo las farolas y una luna inmensamente bonita. Quién sabe si porque hoy lo veo todo diferente. El chorro de agua
sigue surcando los cielos, iluminado en su base por unos potentes focos. Las luces se reflejan en el agua. Si ella estuviera en el lago, lo iluminaría todo. Luz celestial. Pero no sólo el entorno ha cambiado. Algo dentro de mí también lo ha hecho. Si es posible, que lo dudo, me he enamorado aún más. Acabo de superar el infinito. Cuando pensaba que no la podía querer más, me ha sucedido. Me he alterado por dentro. Me he desbordado. Mis sentimientos no caben en mí, deseosos de salir al exterior y mostrarse. A ella. Porque sin ella, no son nada.

21:10. Toca despedirse. Se me rompe un trocito del alma. Pero quiero que hasta el último segundo, hasta la última centésima sea inolvidable. Acaricio su cara, la acerco a mí y la beso. Sonando la canción del día. No me desmayo allí mismo por no sé muy bien qué razón. Qué manera de querer. Qué manera de vivir feliz. Qué manera de estar jodidamente enamorado :)